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Conoce desde este apartado algunas bellas historias de familias que hemos tenido la fortuna de acompañar.

Historias con corazón, de familias a las que hemos acompañado

Manuela

"Llegaste en la oscuridad de un viernes, Manuela. Esa tarde, dando un paseo por la montaña, encontramos una luciérnaga, y pensé que era una señal de que la luz estaba cerca. Desde la semana 35 tenía contracciones que me hacían estar atenta al cuerpo y en contacto contigo.

En los últimos días sentía una especial conexión con la naturaleza, me sorprendía con la mirada puesta en pájaros y lagartijas, olas y flores..respirando profundo y respetando, con algo de impaciencia, los tiempos de nuestro encuentro.

Seguimos las indicaciones de nuestras comadronas; esa noche preparamos una rica cena y la acompañamos con flores, velas y besos. Tu hermana Federica se fue a la cama sabiendo que tal vez llegabas, y nos regaló una noche de sueño profundo. Los ritmos empezaron a ser otros, las contracciones eran más intensas, mis ojos pedían oscuridad y mis manos la firme y cálida presencia de tu padre.

Decidimos llamar a Vanessa sin saber si quizás era demasiado pronto. Les pedí que montaran la bañera, pensando pasar allí el trabajo duro de dilatación. Y de repente, dos contracciones diferentes, una sensación intensa de presión, la mente sorprendida y el cuerpo entregado. Vanessa me acompañó a la bañera y dijo que estabas llegando. Y yo que no te esperaba tan temprano. Recuerdo el calor de la bañera y casi sin darme tiempo a disfrutar el abrazo del agua, esa contracción que puso a mi cuerpo de rodillas abrazada a tu padre. Apertura, calor..y tu cabecita estaba ahí, sin empujar.

Mi cuerpo y el tuyo bailando juntos; la respiración detenida de tanto milagro.Una experiencia de amor y entrega que agradezco cada día. Eran las cinco de la mañana, y todos amanecíamos a una nueva vida."

Fanny: Mi relato del parto explicado a mi hijo

"Mi pequeño sueño de luz, decidiste llegar un lunes, dando señales de tu llegada durante el día anterior a tu alumbramiento. Iba a ver a mi bebé. Pasamos la noche entre contraciones que nos acercaban más y más. Mientras mi cuerpo se preparaba, se limpiaba, se enternecía, nos fundimos en un mismo propósito; tú me avisaste con tanta sutileza que permitiste que me relajase y disfrutase de lo que iba a ser el momento más maravilloso de mi vida.

Al amanecer, con los primeros rayos de sol, decidimos que era el momento de viajar juntos hacia el milagro de la vida, que sólo podía darse entre tú y yo. Y así fue...entré en tu habitación, donde hoy descansamos, y empezó con buen ritmo el baile más intenso de mi vida.

Avisé a comadronas y a tu padre, que se pusieron en marcha y a nuestra disposición para acompañarnos. En el suelo, y con mi cabeza en la cama, decidiste empezar a deslizarte por mi interior, guiándome en cada uno de tus movimientos, dejándome acompañarte en el camino.

En cada contracción me sentía más fuerte, y en ellas, me contabas que estabas cerca, que estabas bien. Supiste guiarme muy bien, hijo, pues en apenas tres horas y protegido por tu bolsa, íbamos a vernos. En tu cuarto, rodeados de agua y de mucho amor, decidiste salir. En sólo unos minutos apoyaste tu cabeza en la salida de mi cuerpo, haciéndome saber que estabas preparado para recibirnos como padres.

El miedo se mezcló con la felicidad y con la misma energía que te concibió; habías llegado al mundo. Gracias a la energía que lo permitió, al alma que se dejó ver, al ser que sentí, a la criatura que decidió nacer a través de mí. Gracias a ti, hijo."

Fanny

El parto de Leticia

"Conocí Marenostrum a través de Sónia Waters, que vino a hacer una charla en la formación de yoga para embarazadas en la que participé. Su conocimiento y experiencia-unos 200 partos asistidos en casa!-me encantaron y principalmente su compromiso con la mujer.

La vida me ha regalado tres hijos que me enseñaron a ser mejor persona y experimentar mi naturaleza femenina.

El primero nació cuando yo tenía 24 años y vivía en Brasil, en una sociedad que ha dejado de parir en casa con comadronas, para parir en hospitales. Yo estaba en mi semana 41 de embarazo cuando el médico dijo que no era posible esperar más y que yo debía ir al hospital y hacer una cesárea. Yo quería parir en casa y la realidad fue que no recibí apoyo de nadie. Me decían: qué locura!. Sin apoyo y sin autonomía, entré caminando sin contracciones al quirófano, aceptando la situación.

Cinco años después, llegaba el momento de dar a luz a mi segundo hijo. Ya residente en Barcelona, yo estaba decidida a hacer un parto natural y en casa. El hecho de tener una cesárea previa causaba inseguridad y miedo a todos en general y por esa razón una vez más, no tuve apoyo. Tuve la opción de ir a la casa de la Maternidad, y logré parir sin medicamentos pero teniendo que luchar para conseguir un parto natural y a mi manera.

No conseguí evitar la episiotomía, ni tampoco la inyección de oxitocina, que estoy segura no necesitaba. Lo que me molestó en el hospital fue: la prisa, la entrada y salida de personal, la vía que te obligan a poner en la vena, la monitorización de mi barriga con cables de máquina, la sensación de que ellos eran responsables por mi parto y no yo; no me sentía libre de movimientos ni para expresarme. Había mucha gente en el momento de la salida de mi niño y mucha presión para lavarlo, pesarlo, limpiarlo...y yo no quería nada de eso y tuve que gritar: dejadme en paz con mi bebé!!!Pasados diez años y embarazada, me encontré con Sónia Waters en Barcelona. Ella me brindó apoyo, me entendió y me dijo: eres una mujer estupenda! Me sentía valorada por mi manera de ser.

Sabía que esta vez iba a parir en casa, aunque fuese sola. Quería ser responsable de mi parto y sabía, sin miedo, que eso era posible. Mi niña nació en casa, en un parto en movimiento. Mi cuerpo sabía lo que tenía que hacer y yo no tenía ninguna prisa y lo disfruté mucho.

El parto es un momento precioso. Nos hace mágicas, diosas, más sabias y femeninas. El dolor sirve para concentrarnos y conectarnos con nuestro cuerpo y sus sensaciones, sentir lo que está sucediendo y estar totalmente presente en el momento. Así que el dolor es un aliado, es una herramienta.

No hay alegría más grande que ver a tu bebé saliendo de ti. Qué placer tan inmenso y tan válido. Creo que hay que preparase para parir, donde sea y pedir apoyo. Las comadronas, mi hijo y mi novio eran mi pequeña tribu con mucho respeto a mis necesidades, viviendo juntos ese momento tan místico. "

Hektor y Patricia

"Desde que supe que era posible un parto en casa, no lo dudé. Había visto el vídeo de Magali Dieuxflv (Naître Enchantée) y me había cautivado por la sencillez, la tranquilidad y la naturalidad en que se daba; sentí que aquella era la mejor manera de dar la bienvenida a un ser a este mundo. El embarazo lo viví sin complicaciones como una de las etapas más relajadas y felices de mi vida, conectada al mundo. Había hecho yoga durante los dos últimos años y tenía gran confianza en mi mente y en mi cuerpo.

Cuando algo me inquietaba, buscaba mantenerme conectada a mi intuición, confiando y pensando que siempre es el universo el que guía el trancurso de los acontecimientos, y esto ocurre sea lo que sea lo que decidamos. Cuatro meses antes de que llegara Hektor nos mudamos, y pese a que estaba encantada con la casa donde íbamos, comencé a sentir cierta ansiedad las últimas semanas por todas las cositas que aún me faltaban por preparar, aunque yo me decía que Hektor nacería cuando lo tuviese todo listo; y así fue.

Cuando recién lo tenía todo preparado, el 3 de abril a las 2.40h, me levanté de la cama; había sentido una "sacudida" en mi vientre que me había despertado. Al levantarme, sentí el agua caer; acababa de romper aguas. Enseguida avisé a mi marido pues no quería que se perdiese ni un momento del día que acababa de comenzar. Con serenidad y entusiasmo, preparamos las cosas de casa y me duché. Las horas volaban. En la ducha ya sentía claramente las contracciones en las lumbares, y feliz, dibujaba círculos con mis caderas.

Después llamamos a Vanesa que cogió el teléfono con dulcísima voz. Mientras las comadronas Vanesa, Sónia, Lorena y nuestra doula Renata venían de camino, fui hacia mi cama. Le pedí a mi marido la pelota de Pilates (esto no lo recuerdo muy bien, mi mente ya no podía pensar con claridad, así que creo que fue fruto del puro instinto cómo sucedieron las horas posteriores). Abrazada a la pelota, con los ojos cerrados y dejando caer la cabeza, a cada contracción, serpenteaba la columna, "bailando" cada contracción.

El viaje había comenzado. Las contracciones se intensificaron. Mis compañeros de viaje -nuestras comadronas, nuestra doula y mi marido- con todo el cuidado y amor, cuidaron de que no nos faltara de nada y yo, aunque prácticamente no abrí los ojos en todo el parto, los sentía y su amorosa presencia me sostuvo en la tranquilidad que deseaba tener. El ambiente se tornó tribal, sensual, chamánico, cuando la poderosas mujeres que me acompañaban comenzaron a acompañarme con su voz en mis gemidos, y así, de manera relajada, llegaba al final de cada contracción. Concentrada en mis sensaciones, buscando el placer en ellas, y con una canción en mi mente, fuimos mi bebé y yo avanzando en un mágico caminar, paso a paso. El cansancio, muchísimo sudor y algunos temblores también me acompañaron, pero siempre, al cabo de un rato, había algo que renovaba mis fuerzas: la calma entre contracciones, sentir a Hektor moverse en mi interior, pensar que iba a verle la carita muy pronto, y especialmente oír que ya la cabecita de Hektor se dejaba ver.

No había sentido deseos de cambiar de postura durante las siete horas en las que, abrazada a las pelota y serpenteando mi columna, sentí que la fuerza del universo pasaba a través de mí. Cuando se acercaba el momento del nacimiento, Vanesa me propuso cambiar de postura. Dejamos a un lado la pelota, me incorporé, pero aún de rodillas me abracé a ella; toda su fuerza y su poder me sostuvo durante algunas contracciones. Me sentí inmensamente afortunada de tenerla conmigo. Después Vanesa se cambió por mi marido y seguí, sostenida por mi marido, abrazados, y tal y como fue concebido, Hektor vino al mundo. Él nos miraba con los ojos bien abiertos.

Nosotros quedamos impresionados; no habíamos vista nada más bello y más suave. Momentos después se agarró a mi pecho con tremenda fuerza. Hektor es un bebé muy fuerte.

La magia nos acompañó muchas más horas, días y noches...durante los cuales no tuvimos que movernos de casa. El posparto no fue fácil, pero cuando una preocupación surgía, solamente tenía que compartirlo con mis compañeras de viaje e inmediatamente la tranquilidad volvía a reinar; ellas hicieron posible que fuera puro amor lo que reinó en casa después del nacimiento, sin duda una experiencia que ha transformado nuestras vidas."

Naim

"Qué admirable la perfección de la naturaleza frente al nacimiento de un hijo ... como padre, os podría explicar muchas cosas emocionales, las cuales convierten esa experiencia en un momento mágico y único de tu vida, no hay palabras ...

Pero la perfección y sincronización de dos cuerpos que quieren tener y crear vida es impresionante; yo siempre digo, que antes del parto me preparé mentalmente para ver sufrir a mi mujer pero qué equivocado que estaba.. Para nada fue así. Lo vi igual que si fuera una balada lenta, cómo una madre se comunica con su hijo con todo su cuerpo, desde la punta de la cabeza hasta la punta de los pies, con aquella vida que se había formado dentro de ella. Así que la madre y el niño se pusieron a trabajar.

Lo más increíble es que la madre, siendo su primera vez, supo en todo momento lo que tenía que hacer; los demás, sólo acompañamos, pues era su momento. Todo fue solo. La perfección de la naturaleza es increíble y la valentía de la mujer admirable, no sé qué más decir. Gracias a la compañía de un buen equipo de parteras y amigas de Marenostrum, todo eso fue posible.

Gracias a la tranquilidad que nos disteis en todo momento."

Benet, papá de Naim.

 

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